lunes, mayo 20

Mutua Madrid Open 2024: La WTA homenajea a Garbiñe Muguruza | Tenis | Deportado

La Caja Mágica no es un lugar donde consigue triunfos excesivamente buenos Garbiñe Muguruza, que antes de dejar entrar en el trofeo del campeonato a la campeona de este año en Madrid -al final, la polaca Iga Swiatek-, habla con su habitual expresión: «¡Buff!». Cada vez que venía aquí no sabía lo que pasaba, pero ¡guau!, me pone súper nerviosa, ¡la verdad!”. El caso es que esta ocasión es diferente. No es un tenista profesional -se marchó oficialmente el 20 de abril, cuando anunció su retirada en la categoría del Premio Laureus tras un paréntesis voluntario de un año- y disfruta con alegría de su nueva vida junto a su esposa, Arthur, que le acompaña en una visita al barrio de San Fermín. Sonrie Garbí, la decisión fue sabrosa. Saber irse, cosa importante. Mejor ahora, con 30 años y sin resquemores, en paz recomiendo lo mismo, que tarde y enfermo. Después la raqueta y algunos proyectos nuevos, aunque sea de otra manera, siempre estarás vinculado a tu deporte.

Ganadora de dos grandes (Roland Garros 2016 y Wimbledon 2017), la Copa de Maestras (2021) y en su día número uno (2017), Muguruza dejó un bonito recuerdo entre sus compañeras y compañeros de su tenista, imparable cuando alcanzaba la ebullición. punto. Si así fue, no es necesario volver atrás. “Está enchufada”, advertían. Y zasca: historia. “Cuando yo tenía 16 años, ella era la mejor del mundo. En la época de Marcó, su estilo de juego demostró ser muy moderno y agresivo. Es una lástima porque es joven, pero si ella quiere, me alegro por ella”, dijo un día Paula Badosa. “Tuve la capacidad de hacer un gran partido en cualquier momento, a pesar de que la semana anterior perdí en la primera ronda”, añadió la atleta estadounidense Coco Gauff. “Era un jugador increíble. Apasionada, bella, feroz, luchadora”, continúa la bielorrusa Aryna Sabalenka, superada este sábado por Swiatek en la final más larga de la historia del torneo (7-5, 4-6 y 7-6(7), en 3h 11m. ).

La número uno, finalmente, se condecora en la Caja Mágica, que cuando Muguruza irrumpe en el escenario con personalidades y tras la fiesta en la pista de baile, para empezar a tocar la polaca, aplaude con fuerza. Ahí que va Garbiñe, Señorita Muguruzala chica que se burló de Williams y tocó la sien del inglés, que se esforzaba en la pronunciación y no tenía manera: Garbina. Demasiado. Hasta para eso fue diferente. Pierde el tenis femenino uno de sus grandes activos de la última década y del reconocimiento. Si se produce en la zona reservada a los jugadores, en un ambiente intimidante, cálido, discreto, con una representación de la WTA —organismo que rige el circuito— y una breve respuesta a los episodios en los que muestra el tablero que entra en él, también respeto. La jugadora Muguruza, que hace unos pinitos como comentarista —“en Twitch, porque es más informal y me siento más cómoda”—, se relaja y, sobre todo, irradia felicidad.

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