sábado, abril 13

Márquez, Mir y Quartararo: dos colosos en una crisis sin fin y tres campeones en apuros | Motociclismo | Deportes

Sufren como nunca tres campeones del mundo de MotoGP. Sus fábricas, las colosas japonesas, no parecen encontrar respuesta a sus pesares, tampoco después de cinco semanas de parón y tiempo de sobras para introducir mejoras considerables. Marc Márquez y Joan Mir —ocho y dos títulos mundiales, respectivamente— volvieron a terminar por los suelos con la Honda oficial en la carrera del domingo, la moto que más veces se ha revolcado por la grava esta temporada (26 caídas en total, 13 para cada uno). Fabio Quartararo, que partía último en parrilla por primera vez en su carrera, fue remontando aprovechando errores ajenos hasta que un toque con Luca Marini cuando iba séptimo le envió de nuevo al fondo de la clasificación. Sus respectivos compañeros no tuvieron mejor día, y cuatro motos japonesas cerraron la prueba: las dos Yamaha oficiales primero y las dos Hondas satélite luego.

Pensaban hace meses que habían tocado fondo, pero todavía se sorprenden a estas alturas de la temporada. En el GP de Gran Bretaña también ocuparon seis de las últimas ocho posiciones en línea de meta el sábado, cuando cruzaron a casi medio minuto del ganador en tan solo diez vueltas de la sprint. “Es frustrante ver lo despacio que vamos, empujamos todo lo que podemos, y no solo yo. Veo a Joan, campeón del mundo, a Marc, campeón del mundo… Son pilotos que saben muy bien cómo pilotar, y es bastante frustrante vernos acabar a 30 segundos”, reconoció el piloto francés, 15º el domingo.

Mir y Márquez reaparecieron en Silverstone con la intención de fijar por fin una base de desarrollo y concretar qué moto de las varias que han estado probando hasta ahora debe ayudarles en el futuro. Más que una carrera, tanto el sábado como el domingo estaban planteados como un entrenamiento. Una vez más, las conclusiones fueron poco halagüeñas. “Esta moto no es buena en ningún área. Tenemos que ganar en electrónica, en tracción y aerodinámica, pero si no tenemos ninguna mejora, sin la ayuda de Honda, estaremos así en cada carrera”, avisó el mallorquín.

A pesar de una caída que consideró aceptable por las condiciones cambiantes, Márquez quiso ver el vaso medio lleno. “Íbamos mejor de lo esperado”, dijo sobre una carrera en la que llegó a marchar décimo. “Hemos cumplido el objetivo de hacer un fin de semana estable. Estoy satisfecho conmigo y con el equipo”, aseguró, haciendo énfasis en el buen papel de su jefe técnico Santi Hernández y sus otros hombres de confianza dentro del garaje. Márquez se conforma a estas alturas con no hacerse daño, fresco todavía el recuerdo de sus cuatro fracturas en seis carreras antes de las vacaciones. “Lo que pasó en Alemania debe servir de algo”, recordaba.

“Esta mentalidad no es la que me gusta, pero para volver a ser el de antes tengo que empezar de alguna forma. Tengo que hacer lo de este fin de semana, olvidarme de las pantallas de tiempos. Ya llegará el momento de apretar”, convino sobre su evidente giro conservador y en la estrategia sobre la moto.