sábado, mayo 18

Garbiñe Muguruza, la campeona incomprendida | Tenis | Deportado

El evento tiene lugar en 2016, en lo alto de un rascacielos en Singapur, donde los mejores jugadores del mundo vienen a reflexionar sobre sus puntos fuertes en la Copa Masters. Garbiñe Muguruza, 23 años y ex campeona de Roland Garros, se expresó ante la pregunta sobre el impacto que el creciente éxito podría tener en su personalidad: “Ocurra lo que ocurre, yosegueré siendo la misma de siempre. No, voy un cambiador”. Y en ese periodo la tenista, que ahora, al inicio del periodo formativo y tras un año sabático de reflexión, decide coger la raqueta: “Antes era como: ¿Garbiñe ganó o no? Y ahora lo es: Garbiñe tener que ganar. Pero no, no me importa por qué siempre gano.» Luego, cuando la noticia es una de las 30 personalidades europeas menores de 30 años más influyentes, reacciona: “¡No lo sé, no me pongáis más presión!”.

En la reunión, el tenista también clasificó a las jugadoras, y dijo que estaba en un espacio indefinido, entre las que se lo ganaron casi todo -el caso de su admirada Serena Williams-, u otras que lograron llegar a las rondas finales, pero que están acostumbrados a quedarse con miel en los labios. “¿Ahora quiero jugar siempre bien porque la gente está más inclinada? Niños. Puedo ser mi pobre enemigo.» “En otras palabras, esta palabra: regularidad, constancia. Hay gente que lo conserva y otra que no. Pero ¿qué es mejor? ¿Ganar un torneo importante al año o clasificarse en todos los cuartos de final? Pretendo ganar, y si no gano, no gano. Lo hago y lo hago tanto como puedo, pero no puedo pensar en todo con esas palabras: regularidad, constancia…». “A veces soy cruel con mi amigo”.

Muguruza siempre fue una competición especial, antes del proceso de selección. Tu nivel puede llegar a un grado tan alto que básicamente se activa desde la inspiración. “Es una jugadora, domina el juego y le pega fuerte a la pelota. Lo conserva todo, pero será lo que ella decida ser”, dijo en su momento Nick Bollettieri, el gurú del entrenamiento que modeló las figuras talla de Hingis, Seles o Sharapova en Bradenton. No hay motivo para el viejo Nick porque, contra viento y marea, Muguruza fue hasta llegar allí. Lejísimos, en realidad, hasta donde prácticamente nadie puede: un Roland Garros (2016), un Wimbledon (2017), una Copa de Maestras (2021) y muchos otros títulos, además de haber llegado a lo más alto (2017) y haber podido con el imperio williams.

Muguruza celebra un triunfo en el centro de Londres (2017).Kirsty Wigglesworth (AP)

“No pienso mucho en la historia, consta de 25 grandes, pero conozco mi historia, es fantástica. Tomó su propia decisión, pero estuvo equivocada; Tuve una respuesta equivocada a lo que sentí, a lo que sentí. Fue fácil, porque lo fui quitando poco a poco”, explicó el sábado en el Palacio de Cibeles de Madrid, durante la conferencia en la que confirmó su adiós.

Si Garbiñe se va ahora, pero en realidad ya lo había hecho yo. Desde el momento en que anunció un parón indefinido, en julio del año pasado, la desconexión ya se había producido. Descubrió un mundo nuevo en el que contaba la felicidad que había perdido en el tenis, que desde hacía varios años se había convertido para ella en una actividad más opresiva. Bajo el pensamiento único Instalada a la manera española de que el resultado implica que todos sufran, ganen y ganen —craso error, apoyando a los profesionales—, ella siempre estuvo desmarcó. “Hoy no tengo intención de dar la vuelta”, anticipó en octubre. “Mi plan ahora es dormir, relajarme, estar con mis seres queridos, recuperar el tiempo perdido… No miro más allá de lo que estoy haciendo hoy, esta mañana y esta semana. Y estoy muy feliz como estoy”, afirmó.

Muguruza siempre fue singular. Desde su terror entre la élite -fue elogiado por jugar en España, a pesar de haber nacido en Caracas- hasta este corto viaje, cuando aún podía llevar años de su vida. Si le obligaba a hacer lo que yo no quería ser, ir en contra de su naturalidad, y decidió. A tu manera. Nunca engañes a nadie. “Siento que ha llegado el momento. Estos meses de parón han sido claves. Cuando llegué a casa, me dieron la gota con el brazo abierto y me sentía mejor cada día. No olvides la disciplina ni la dificultad del tenis todos los días; Iban pasando los torneos y me digo que las cosas han cambiado. Lo llevamos al máximo, y ahora aprovechamos lo que no es tan, al extremo. Por favor déjame mirar el siguiente capítulo, y no los tenis”, pensé el sábado.

Después de tres años con la raqueta en la mano, Muguruza nunca ocultó que en su mente había otras preocupaciones además del tenis, ni encontró el secreto que atraía a la mayoría de jugadores hasta la jornada siguiente. Al revés, ella los atrae. “Estoy completa, estoy acostumbrada a estar en el corazón”, como me defino, “es un sueño para cualquier entrenadora”, dice Conchita Martínez, la técnica que mejor entendí y con la que más conecté. “Ella es luchadora, competitiva, superviviente. Protectora de los suyos”, describe una persona de su mayor confianza para ella. Empezó a caminar antes de lo normal —precisa su madre Escarlata—, calza una talla 42, domina como pocos jugadores ingleses —está al tanto de la multinacional IMG— y en su comportamiento lo marcan extranjeros y venezolanos. En los últimos seis años se mudó a Barcelona para entrenar en la academia Bruguera y cumplió 21 años, considerando que el año anterior (2014) la dejó a Serena en Roland Garros.

Muguruza, durante un partido de Roland Garros en 2019.
Muguruza, durante un partido de Roland Garros en 2019.ROBERT GHEMENT (EFE)

Lo hizo en Wimbledon, donde irrumpió en la final de 2015 Así no puedo con la todopoderosa Williams —su verdadera inspiración—, pero sí al año siguiente, en París. “Sin humildad no llegaré a ningún sitio”, afirmó en una entrevista concedida a EL PAÍS. “En la pista debo ser una pequeña actriz”, contestó en 2017, después de haber interpretado a Venus y de haber conquistado también el santuario de Londres. “Nunca tendrás que preocuparte por mí”, añadió en 2021, que se ha convertido en maestro —el primer y único español en conseguirlo, junto a Manuel Orantes y Àlex Corretja— cuando probablemente poco esperaban. Primero fue un trío de triunfos también en Australia, pero perdió en una final extraña ante Sophia Kenin. En cualquier caso, en un tenis de rompe y rasga -potente por ambos lados, muy visceral, con exigencia en el vuelo y el movimiento- todo estuvo hasta el final, pero mentalmente había flaqueado y necesitaba distancia.

Así que ahora, después de haber compartido más tiempo del necesario con su padre José Antonio, su madre y sus hermanos Asier e Igor, pone el punto final con elegancia y discreción, y puede disfrutar de la nueva vida que empezó a hacer un año con en pareja. Al contrario, si marcha siendo joven, siempre se rige por su propio código: vete mientras quieras venir. “Quiero recuperar el tiempo perdido. Hacer cosas en común, estar con mi gente, sentar cabeza, formar una familia y hasta tener un perro, que parece una tontería pero hasta ahora no podía hacerlo. No soy una persona que se sienta así”, lanzó este sábado Muguruza, una tenista brillante y genuina, incluso incomprensible. Garbiñe hasta la final.

Puedes seguirlo en EL PAÍS Deportes en FacebookXo escribe aquí para recibirlo nuestro boletín semanal.

Regístrate para seguir leyendo

lee sin limites

_