sábado, junio 15

Benítez desactiva al Valencia en su emotivo regreso a Mestalla | Fútbol | Deportado

Rafa Benítez se trasladó a Valencia, ciudad en la que se coronó como entrenador de la historia, y lo hizo con una de sus virtudes de todos los tiempos, su capacidad para desentrañar los misterios de sus rivales. El Celta se desconectó en Valencia y así se le permitió conseguir un punto después de unos aburridos 90 minutos en lo que fue sólo una oportunidad de gol. El punto, al menos, es un pequeño impulso para los gallegos, deseosos de remontar la zona de descenso en la que se instalaron en esta primera etapa de Liga.

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Mamardashvili, Gayá (Yarek Gasiorowski, min. 45), Gabriel Paulista, Cristhian Ibarguen, Thierry Correia, Francisco Martinez (Hugo Guillamón, min. 84), Sergi Canos (Selim Amallah, min. 63), Javi Guerra, Pepelu, Hugo Duro (Yaremchuk, min. 84) y Diego López (Foulquier, min. 91)

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celta

Guaita, Manu Sánchez, Carl Starfelt, Kevin Vázquez, Unai Núñez, Jonathan Bamba (Franco Cervi, min. 67), Fran Beltrán, Óscar Mingueza (Williot Swedberg, min. 84), Luca De La Torre, Jorgen Strand Larsen (Anastasios Douvikas) , min. 67) y Aspas (Carlos Dotor, min. 84)

goles

Árbitro Cesare Soto Grado

Tarjetas amarillas Franco Cervi (min. 71), Selim Amallah (min. 77), Unai Núñez (min. 79), Pepelu (min. 87) y Hugo Guillamón (min. 91)

Un velo de nostalgia cayó sobre Mestalla en una fiesta de verano. Rafa Benítez, el entrenador del Gran Valencia de sus inicios, volvió a lo que fue en el estadio entre 2001 y 2004, tiempo suficiente para ganar la Liga después de 31 años seguidos, y una Copa de la UEFA. El técnico fichó por el Liverpool y se convirtió en leyenda. La pasión no quedó olvidada y en los prolegómenos del partido fue recompensada con una calurosa ovación. A un metro, en la calle, estaba Rubén Baraja, uno de sus jugadores, uno de sus pilares en aquellos grandes años.

Benítez, como el Valencia, tiene un año de gloria. Su tripulación se encuentra en la zona de descenso y tiene que retirarse. El Celta, que ahora ha sido derrotado en los finales de diez minutos de los partidos, es un equipo que se espera que pierda el liderato en la final. No si antes tenía en lo más alto a un Valencia igualado a la Roma. Así que el primer tiempo, disputado a la hora de la siesta, no ofreció demasiadas emociones en un periodo lleno de alternativas y vacío de inspiración en zonas peligrosas.

El Celta se vio inquietado por un cabezazo cruzado de Strand Larsen que se fue rozando el poste. Mientras que el Valencia, algo asimétrico ante la incapacidad de Sergi Canós para abandonar a su banda, lo hace todo gracias a la habilidad de un hiperactivo Fran Pérez, que le ofreció más visibilidad que eficacia.

Los dos equipos sólo se frieron durante los primeros 45 minutos. Al tono anodino le sigue la renovación. Las defensas, impecables, ganaron todos los duelos. El partido fue un pulso mientras los golpes se movían hacia un lado o hacia el otro. Los dos entrenadores tuvieron que mirar hacia el banco para encontrar el factor de desequilibrio porque ninguno lograba encontrar el camino hacia la portería.

El primero en cambiar una pieza fue Baraja. Gayá, que logró convertirse en uno de los diez jugadores que más jugó con el Valencia, se vio obligado, con acoso, a abandonar el sitio de Yarek Gasiorowski, otro de los jóvenes de Pipo. La fiesta amenizó con grandes emociones. Parecía que era uno de esos últimos momentos propicios para que Iago Aspas decidiera como lo hizo en infinidad de particiones con algo de su genialidad. Este no era el día. El delantero, todo un emblema del Celta, no cumple con los conejos de su chistera.

El Valencia no tiene una planta con la calidad de la época de Benítez, pero Baraja ha apostatado por los jóvenes y, al menos, ha podido creer en la pasión que saca cada día de Mestalla. El público quedó fascinado por la pasión, honestidad y esplendor de este nuevo cuerno de jugadores que surgieron de la cantera, pero en este partido no hubo problema. Lo había hecho con la ayuda de Javi Guerra, pero Benítez se había comprometido a llenar el campo de zancos para incapacitar la calidad de aquel hombre especializado en mameluco sobre las líneas.

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