El gobierno de Panamá manifestó su contento al ser eliminado de la lista de territorios con fallas estratégicas en la lucha contra el lavado de dinero y la financiación del terrorismo, creada por la Unión Europea. Esta resolución fue informada oficialmente por las autoridades de la comunidad, destacando un logro significativo en el esfuerzo del país centroamericano por mejorar su reputación financiera internacionalmente.
Panamá fue eliminado de esa lista tras un extenso proceso de revisión y control, durante el cual el país llevó a cabo varias reformas legales, institucionales y normativas para cumplir con los estándares globales fijados por instituciones como el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI). Las acciones implementadas abarcaron cambios en las leyes relacionadas con sociedades anónimas, mecanismos de diligencia debida en el sector bancario, y un incremento en la colaboración entre organismos públicos para identificar y penalizar actividades ilegales.
Desde la inclusión de Panamá en esta lista en 2020, diversos sectores nacionales, tanto públicos como privados, manifestaron su rechazo a lo que consideraban una clasificación injusta. Argumentaban que el país había avanzado significativamente en materia de transparencia financiera, pero que persistía una percepción negativa, exacerbada por escándalos internacionales como el de los llamados «Papeles de Panamá», a pesar de que muchas de las prácticas señaladas no estaban prohibidas por la legislación local en su momento.
Con esta decisión reciente, Panamá aspira a no solo elevar su reputación frente a los mercados financieros globales, sino también atraer inversiones nuevas y reforzar sus relaciones comerciales con aliados europeos. Estar ausentes de la lista quita barreras para que bancos y compañías europeas operen con mayor seguridad en el país, al mismo tiempo que simplifica procesos como la transferencia de dinero, la apertura de sucursales y la participación en licitaciones gubernamentales.
Las autoridades panameñas resaltaron que esta exclusión no significa el fin del compromiso con la transparencia, sino que reafirma la voluntad del Estado de seguir reforzando sus mecanismos de control. Además, hicieron un llamado a otros países latinoamericanos que aún figuran en listas similares a redoblar esfuerzos y colaborar regionalmente para erradicar las prácticas ilícitas que afectan la estabilidad financiera del continente.
La salida de la lista también representa un triunfo para el sector financiero panameño, uno de los más desarrollados de la región. Bancos, firmas legales y consultoras han sido actores activos en la implementación de mejores prácticas, invirtiendo en tecnología de monitoreo, capacitación de personal y mecanismos de cumplimiento normativo. Este trabajo conjunto fue esencial para demostrar ante los evaluadores internacionales que el país estaba cumpliendo con los compromisos adquiridos.
Expertos en áreas fiscales y legales señalan que, aunque la eliminación de la lista representa un avance, Panamá debe seguir fortaleciendo su estructura regulatoria y optimizar su eficiencia institucional para prevenir retrocesos. La presión internacional para combatir el lavado de dinero persiste, y organizaciones multilaterales llevan a cabo monitoreos continuos para garantizar que los compromisos adquiridos se conviertan en acciones concretas y duraderas.
El dictamen de la Unión Europea forma parte de un contexto más amplio en el que se están revisando las listas grises y negras, y otros países también intentan mejorar su posición implementando reformas estructurales. En este contexto, Panamá destaca como un ejemplo exitoso de cómo un país puede cambiar su reputación en la escena financiera global mediante la voluntad política, la colaboración entre instituciones y el diálogo con las autoridades pertinentes.
El gobierno de Panamá reiteró su compromiso de seguir laborando por una economía que sea formal, clara y atractiva para la inversión que se realiza con responsabilidad. Según sus representantes, el país progresa con determinación hacia una nueva fase, donde el cumplimiento de las normas internacionales no se perciba como una imposición, sino como un elemento de una política estatal dirigida al desarrollo sostenible y a la plena integración en el sistema financiero mundial.


